Macarena notó la preocupación de su hija y, conteniendo sus propias emociones, cubrió la mano de Rocío con la suya para consolarla.
—Tal vez no sea tan malo. Después de todo, ella sigue siendo tu cuñada. Mientras no se divorcie de César, aún puedes intentar mejorar tu relación con ella…
—¡Otra vez esas palabras! —Rocío apartó bruscamente su mano, con una irritación palpable—. ¡Siempre me dices que mejoré la relación! ¿Y de qué ha servido? ¡Sabes perfectamente que Celia y yo nos llevamos mal! Y a