César le dio un sorbo a la sopa. Al no recibir ninguna respuesta, le preguntó:
—¿Qué pasa? ¿No te gusta?
Ella recuperó la compostura y cerró de nuevo la caja.
—Me gusta. Gracias.
Él entrecerró casi imperceptiblemente los ojos, pero su tono era suave.
—No seas tan distante.
En ese momento, sonó su celular. Era la empleada doméstica de Sira. Él colgó, pero la llamada entró de inmediato nuevamente. Sin otra opción, lo atendió, con impaciencia en la voz.
—Habla.
—¡Señor Herrera! ¡La señorita Núñez i