Celia ignoró la ardiente mirada de César y se dirigió a Rodolfo.
—Señor Juárez, nunca he necesitado demostrar mi capacidad con palabras. Creerme o no es una elección personal. Usted optó por confiar en mí, y naturalmente debí esforzarme por no defraudar esa valiosa confianza.
Rodolfo se quedó por un rato aturdido, quizás también consciente de su mala actitud previa. Apenado, bajó la cabeza ante todos para disculparse con ella.
—Señorita Sánchez, le pido perdón por haber dudado de su habilidad an