La esposa de Felipe, Sara Dorado, era cliente habitual de la tienda con membresía. Las vendedoras, que habían logrado muchas ventas gracias a ella, de inmediato la atendieron con mucho respeto. Primero le sirvieron una taza de café y luego la acomodaron en el sofá.
—Señorita Sánchez, ¿cuánto ganas al mes para permitirte a entrar en una tienda de lujo? —preguntó Sara acariciando su bolso LV con mirada desdeñosa—. Jóvenes como tú no deberían dejarse llevar por la vanidad. Si no tienen el nivel, me