— ¡Sonia, no puedes hablar así de mamá! —Antes de que Regina pudiera decir algo, Ana se acercó, mirando a Sonia con los ojos rojos—. ¡Ella realmente te quiere, no puedes pensar así de ella!
Sonia ya no quería seguir discutiendo con ellos. En este momento, ni siquiera quería mirarlos, pues le provocaban náuseas.
Dio media vuelta para marcharse.
— ¡Sonia! —Ana intentó seguirla, pero Regina la detuvo. Gritó entonces a la espalda de Sonia—: ¡Bien! Sonia, si sales por esa puerta, puedes morirte de ha