Pero su mirada no se detuvo en ella. Evidentemente, no tenía ningún interés en saber por qué estaba allí; si permanecía de pie era solo porque... estaba esperando a Ana.
Tras esa breve mirada, Sonia apartó la vista y preguntó a Ana: —¿Necesitas algo?
Ana suplicaba: —Sonia, vuelve a casa conmigo, ¿sí? Por favor, no sigas peleada con papá y mamá.
—Lo siento, no quiero volver —la respuesta de Sonia fue tajante.
Ana, sin desanimarse, se dirigió a la otra mujer: —¿Eres amiga de Sonia? Por favor, ¿pod