Sonó un frenazo brusco en el patio.
El mayordomo salió inmediatamente y, al ver quién bajaba del coche, su expresión cambió ligeramente. —Señor, ¿cómo es que a esta hora...?
No terminó la frase cuando Andrés ya pasaba por su lado.
Su expresión sombría asustó al mayordomo, quien instintivamente quiso detenerlo, pero Andrés simplemente le ordenó: —¡Fuera!
Andrés siempre había mantenido una apariencia serena y amable en público.
El mayordomo nunca lo había visto perder el control de esa manera.
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