Magdalena parecía a punto de desmayarse de ira.
Pero Andrés estaba completamente tranquilo.
Incluso tomó su taza de té, bebió un sorbo lentamente y dijo: —Abuela, ya soy mayor de edad. Este es mi asunto de vida, tengo mis propias consideraciones.
—¿Tu asunto? ¿Crees que no sé lo que has hecho afuera? Te advierto que mientras lleves el apellido Campos y seas mi nieto, tengo derecho a intervenir.
—No olvides que todo lo que tienes te lo he dado yo. Si te atreves a hacer una locura, puedo quitártel