—¿Por qué no contestaste cuando te llamé?
—Yo... tenía el teléfono en silencio, no lo escuché.
Apenas terminó de hablar Sonia cuando Andrés se levantó bruscamente y se acercó a ella. Su imponente figura ocupó el pequeño espacio del recibidor, y Sonia sintió de inmediato la presión intimidante que emanaba de él. Instintivamente retrocedió hasta que su espalda tocó la puerta, sin posibilidad de escapar. Solo pudo levantar la mirada hacia él, con expresión confundida pero sin mostrar culpa ni temor