Precisamente esa serenidad era lo que más aterraba a Sonia.
Era la primera vez que veía a Andrés comportarse así.
Normalmente, cuando alguien recurre a la violencia, es por rabia.
Pero con Andrés había sido todo lo contrario.
Sonia sentía que él estaba perturbadoramente tranquilo.
Por un momento, incluso le pareció que para Andrés, Santiago ni siquiera era una persona.
Era más bien como un objeto en sus manos.
Su vida o muerte le resultaban indiferentes.
Cuando Andrés volvió a hablar, ella seguí