—Andrés.
Ana lo llamó con una voz llena de reproche, pero Andrés seguía sin mirarla. Sus ojos recorrieron primero el salón, frunciendo ligeramente el ceño.
—Andrés —repitió Ana, incapaz de contener su angustia.
Solo entonces Andrés pareció reaccionar. La miró brevemente mientras le entregaba su regalo: —Felicidades.
"Felicidades". Ana nunca imaginó que esto sería todo lo que recibiría, tan ligero y vacío. Sus manos se tensaron y, después de un momento, como si apenas despertara, extendió lentame