Capítulo 32
Geraldo se quedó parado en medio del taller, sosteniendo el papel como si le quemara las manos. El sonido del motor al fondo parecía distante ahora, como si todo a su alrededor hubiera perdido nitidez.
— ¿Qué quiere realmente ese niño bien? — murmuró, frunciendo el ceño. — ¿Cree que puede llegar aquí, todo arregladito, inventar una historia así y salir como si hubiera hecho una gran revelación?
Miró de nuevo el documento, sus ojos recorrieron las palabras impresas. Estaba bien hecho, claro... con sello, fecha, firma. Pero eso no probaba nada.
— Cualquiera puede hacer un montaje de estos hoy en día — gruñó. — Un papel no me engaña.
Tiró el sobre sobre la mesa de trabajo, como si quisiera librarse del peso que traía. Caminó hasta la pared del taller, apoyó las manos en el concreto frío y respiró hondo. Su mente hervía.
Fragmentos de recuerdos comenzaron a surgir, confusos, punzantes: María riendo en el patio con Beatriz aún niña... María llorando después de una discusión...