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La ciudad que antes les había parecido esplendorosa y llena de vida, era en realidad un pequeño pueblo deshabitado y con cientos de autos abandonados en los garajes. En el lugar, hasta las mascotas estaban muertas y el aire se mezclaba con el hedor de los miles de cadáveres en descomposición. Bill despertó cuando Candy comenzó a gemir y lamerle el rostro. Miró a su alrededor y vio a las chicas aun dormidas sobre la dura madera del porche donde

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