POV: Floriana
Se dobló hacia el suelo con el movimiento levemente rígido de un hombre grande que no pasaba mucho tiempo sentado en piedra, y se sentó en el umbral con la espalda contra un lado del marco, mirándome con ojos que seguían siendo dorados y manos que seguían temblando levemente a los lados.
Esperó.
—No te tengo miedo —dije—, porque has tenido cien oportunidades de hacerme daño de verdad y no las tomaste.
Su mandíbula se tensó. —Te hice daño.
—Me agarraste la muñeca. Me pusiste contra