Se lo dije a Ricardo a las ocho de la mañana.
No en un contexto de informe. En la cocina, mientras Rosario preparaba la primera cafetera y la finca todavía hacía su gradual ensamblaje matutino. Lo había encontrado allí solo. Floriana normalmente estaba con él a esa hora, y había entendido que un horario inusual era mejor que un horario planeado para lo que había decidido decir.
Él estaba en la mesa de la cocina con el documento que había estado revisando cuando entré.
Dejó el documento.
Me miró