Los susurros de lo ocurrido no se desvanecieron, la siguieron por los pasillos, por los caminos iluminados por antorchas, por cada mirada que la miraba un segundo de más.
Rehan podía sentirlo, el cambio no de aceptación sino de conciencia, y en ese lugar era más peligroso. Ahora caminaba sola, sus pasos firmes a pesar de la tensión que se acumulaba bajo su piel.
Los sirvientes se inclinaban un poco al pasar, los guerreros cedían el paso y otros simplemente observaban, sopesando su valor. Sus