61. Mi peor pesadilla
Branca
Yo flotaba a la deriva entre el sueño y el dolor.
No dormía de verdad, pero tampoco estaba completamente despierta. El cuerpo pesaba, la mente revuelta, cada respiración exigía un esfuerzo. El bip distante de los aparatos me mecía en un casi-silencio seguro.
Hasta que la puerta se abrió.
Oí el sonido metálico suave, reconocible. Los hospitales tienen sus propios ruidos. No me asusté. Solo abrí los ojos con dificultad.
Un enfermero entró empujando una bandeja.
Ampollas. Jeringa. Guantes.