Tomamos una ducha y luego regresamos a la cama, ella insistió en que debía recostarme, preocupada de que lo que hicimos me hubiera lastimado -Deja ya de preocuparte, no soy tan frágil como crees…- le reclamé y luego la invité a sentarse conmigo en la cama para entregarle su regalo de bodas -No tienes que darme nada…- me dijo -Tengo que confesarte que ya tenía preparada esta sorpresa desde antes del secuestro, así que no me regañes…- le expliqué - ¿Recuerdas el lugar que fuimos a ver, del vecino