Tania había logrado convencer a su hermano para que en un par de ocasiones, este la llevara al mundo de lo oculto. Y hablando de intenciones ocultas, claramente James sospechaba que ella las tenía. Sin embargo, este nunca la interrogo.
Ella mantenía firme su mente, para que esta estuviera ocupada de pensamientos aleatorios, pensando en otras cosas la mayoría del tiempo. Cualquier cosa le servia. Menos aquel niño de ojos verdes. Un descuido, un pequeño flaqueo, y su hermano lo sabría.
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