La noche cayó sobre Dubái con la pesadez de una cortina de terciopelo oscuro, apagando el resplandor dorado del Golfo y sumergiendo la mansión de Jumeirah en un silencio absoluto. Tras la cena —la primera en más de una semana donde las miradas entre Valentina y Aleksei no estuvieron cargadas de reproches ni de distancias clínicas—, el momento de retirarse a la recámara principal se presentó con una nueva y vibrante tensión.
Aleksei se encargó de la rutina médica con su habitual precisión siberi