Sentí que me desmayaba, cuando la doctora Seone confirmó mis sospechas la presión se me bajó súbitamente y sentí un sudor frío que me recorría la espalda. Kentin sollozó mientras me aferraba la mano aún más, ¡la muerte no dejaba de rondar por nuestra familia!
—Antes que nada, quiero hacerte una pregunta, Annie —dijo la Doctora—. ¿Tienes algún tipo de antecedente de cáncer de mama en tu familia? ¿Nunca se te ocurrió que lo que podías tener en tus senos era cáncer?
—No... —dije con la voz tomada,