—Catrina... —la llamé. Mi hija giró la cabeza sin reconocer mi voz, pero cuando sus ojos se cruzaron con los míos el color abandonó su rostro y se tiñó de blanco.
—Vete... —le dijo al chico, el muchacho no la entendió, pero mi hija insistió mientras yo me acercaba caminando—. ¡Vete, te dije!
—¿No me darás otro beso? —preguntó. No pude ver su cara completamente, pero su voz era bastante masculina para tener la edad de mi hija, ese detalle me hizo pensar que en realidad no había sido el compañero