Sentía cada uno de los besos de mi esposa y de mis hijos; no había lugar para la tristeza. Mis hijos se colgaban de mis brazos mientras Annie sostenía a Dante que me reconocía y estiraba sus bracitos para que lo tome en mis manos.
La sonrisa de Annie era radiante como el Sol. Mientras lágrimas de alegría inundaban su rostro al verme regresar sano y salvo. Sus uñas se clavaron en mi uniforme y sus cabellos perfumados inundaron el aire.
No me faltaba nada, estaba completo.
Un baldazo de agua me q