Helena y yo nos miramos mientras nuestra jefa seguía de pie esperando nuestra respuesta. Pero Helena fue más sensata que yo.
—¿Podemos discutirlo un momento? —preguntó, Anastasia asintió con la cabeza y volvimos a nuestros escritorios. Helena espió por el marco de la puerta y esperó a que Anastasia se sentara en su silla para poder hablar conmigo—. ¿Quién va, Annie?
—Helen, tú sabes los celos de Kentin y que si llego a aparecer en las revistas al lado de un modelo en mi primer mes de trabajo, v