La cafetería de la planta baja del Sterling Building no era un lugar donde se tomaran decisiones importantes.
Era funcional: sillas de metal, mesas de madera clara, una barra con dos máquinas de café y un menú de pizarra que cambiaba según lo que hubiera en la cocina. El tipo de espacio que existe en todos los edificios corporativos grandes y que nadie decora con intención porque su único propósito es que la gente coma, beba algo y vuelva a trabajar.
Freddy lo usaba exactamente para eso.
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