El vuelo de Kuala Lumpur aterrizó con veinte minutos de adelanto.
Stefan no lo anotó como buena señal. Ya no anotaba las cosas como señales. Eso era algo que había aprendido en los últimos meses: los vuelos llegaban temprano o tarde por razones de viento y tráfico aéreo. No decían nada sobre lo que esperaba al otro lado.
Recogió la maleta de cabina.
Tomó el coche.
El apartamento tenía luz cuando llegó.
No era raro. Aisha trabajaba hasta tarde los martes. Los documentos del museo, la gestión de