Dante
El frío de la mañana roza mi piel cuando muevo el brazo buscando el calor de Lucía. Pero en cuanto mi mano encuentra nada más que la sábana vacía, mis ojos se abren de golpe.
Me incorporo de inmediato, con el corazón latiéndome con fuerza en el pecho. La habitación está vacía.
Miro alrededor, con la esperanza de verla en el baño, pero la puerta está entreabierta y las luces apagadas. Un mal presentimiento se instala en mi pecho.
No. Ella no se iría.
Me obligo a descartar esa idea, aun