Lucía
El camino de regreso a la habitación se siente interminable. Cada paso que doy me parece más pesado que el anterior.
La orden de Dante resuena una y otra vez en mi cabeza: “Vuelve a tu habitación y quédate con Nico.
No bajes, pase lo que pase.” Su tono era tajante, sin espacio para protestas. Pero es precisamente eso lo que más me inquieta. No sé qué está pasando ahí abajo, pero tengo la sensación de que no es nada bueno.
Cuando entro en la habitación, Nico está sentado en la alfombra, r