Selas guardó absoluto silencio durante un buen rato antes de decir pausadamente: —No esperaba que pudieras matarlos a todos.
—Tu familia, ahora solo queda tu línea directa. Felicidades—dijo Simón.
Un abismo de tristeza pasó por los ojos de Selas, y respondió con una sonrisa amarga: —Gracias.
—Vamos, hay gente esperándonos afuera—dijo Simón mientras caminaba hacia la salida.
En el corazón de Selas, había mil emociones en ese momento.
La disputa familiar había terminado con su completa victoria, y