La estatua vestía una armadura de combate, llevaba un casco de guerra y sostenía una espada larga similar a la de Fernando. Sin embargo, esta espada ya tenía unos siete u ocho metros de longitud, emanando una terrorífica presión espiritual.
—¡Muere! —exclamó Fernando, impulsado por el miedo o alguna otra emoción, y se abalanzó directo hacia Simón con su espada.
Al mismo tiempo, la estatua detrás de él también descendió con su espada, como un meteorito del cielo o una poderosa montaña que se desp