Desde el otro lado del teléfono se escuchó la voz insatisfecha de Esteban Lozano.
—Simón, te mudaste de Tranquilidad Pinar y ni siquiera me avisaste, hasta ahora no he recibido ni una sola llamada tuya, ¿ya te olvidaste de este viejo?
—¿Cómo crees? Solo que he estado muy ocupado últimamente, justo estaba pensando en visitarte en estos días.
Simón respetaba mucho a este héroe fundador de la nación, después de todo, él había derramado sangre y arriesgado su vida por Andalucía Dorada.
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