Ante el asedio de tres santuarios, Simón extendió su mano para convocar su Espada del Trueno, sin mostrar pánico alguno.
La Espada del Trueno dorada se encendió con grandes llamas de energía espiritual, iluminaba con truenos y relámpagos, repeliendo algo de la oscuridad, permitiéndole apenas ver alrededor de un metro a su alrededor.
Pero fue en ese momento cuando innumerables puños, cargados con una fuerza totalmente desenfrenada, cayeron sobre él como un torrente.
El poder de un santuario, y má