Las palabras de Simón finalmente despertaron la insatisfacción de Santiago.
Inicialmente, él pensó en decir unas ligeras palabras debido a su posición, para resolver este asunto fácilmente.
En este momento, su mente ya no estaba en asuntos mundanos.
Pero a pesar de ser consciente de su propio Dominio Sagrado, este joven hablaba con demasiada arrogancia.
Entonces, Santiago frunció ligeramente el ceño y miró a Simón, diciendo: —Muchacho, hablar así no te dejará impune. Prepárate para recibir un