Santiago, al ver a su propio hijo aturdido, lo derribó de un puntapié y luego se inclinó ante Simón diciendo: —Maestro, por favor, no se moleste con estos mortales. Cualquier asunto, asumiré toda la responsabilidad.
Santiago sabía muy bien que, con el temible poder de Simón, las consecuencias no podrían ser soportadas ni por Aníbal ni por toda la familia Escobar.
Un ser así podría fácilmente destruir a toda la familia en una sola noche, y nadie podría hacerle frente.
Incluso él mismo, en su pos