Desde hacía mucho tiempo, Ciro despreciaba a Baltasar, pero debido a las jerarquías, no podía hacer nada. En Surlandia, el padre de Baltasar tenía la última palabra, y Ciro solo podía callar y soportar.
Sin embargo, esta vez la orden venía directamente de la provincia, y la persona frente a él estaba bajo la jurisdicción directa del más alto organismo nacional, con un rango incluso más alto que el gobernador de la provincia.
Baltasar y su padre eran como emperadores locales en Surlandia, pero no