En ese momento, Baltasar parecía no haber entendido aún la situación. Como un perro rabioso, le gritó a Ciro y miró a Simón como si quisiera devorarlo. Ciro respondió con un resoplido despectivo, ignorándolo por completo. Simón sonrió y se sentó frente a la mesa de interrogatorios, donde estaba Baltasar.
—Si fuera tú, estaría pensando en cómo salvar mi vida en lugar de gritar como un perro rabioso— se burló Simón con una sonrisa irónica.
Baltasar apretó los dientes y dijo: —Mi padre es el gobern