Alberto soltó una risa bastante maliciosa y le dijo: —Tienes razón, pero, señorita Herrera, sería bueno que prestaras atención a tu posición. Como mi conductor, él ni siquiera entra por esta puerta. Manteniendo la distancia, los sirvientes te respetarán y temerán. Si actúas así, es fácil que tengan malas ideas y se excedan contigo.
—No tienes que preocuparte por eso, respondió Sofía.
Simón reflexionó sobre las palabras de Alberto y sintió que tenía algo de razón, aunque no tanto.
En ese momento,