En ese momento, Ciriaco emanaba una fuerza tan poderosa que todos los miembros de la familia Aguirre quedaron casi que petrificados.
La fuerza opresiva los mantenía inmóviles, sin posibilidad de escapar.
Los músculos de Ciriaco seguían hinchándose y hundiéndose lentamente, como si hubiera un monstruo en su interior intentando con frenesí desgarrar su cuerpo para salir.
Junto a sus continuos gritos de dolor y la visión de los miembros de su familia siendo absorbidos como simples animales, Ciria