Calista, junto con el grupo de defensores de Simón, lo acompañó de regreso a Ciudad de Laeso, como si estuvieran recibiendo con gran efusividad a un general victorioso. La atmósfera era de verdadera celebración y expectativa mientras recorrían las calles, saludados por los ciudadanos que admiraban a Simón como un líder indiscutible.
Una vez en la Catedral de Ciudad de Laeso, Simón pronunció un breve discurso y luego, junto con Hilario y los demás, regresó a Banés.
Por orden de Cástulo, comenzar