Simón esbozó una sombría sonrisa, con un tono cargado de indignación: —¡Todo esto es culpa de Gerardo y su grupo de secuaces!
—¿Cómo es posible que sean ellos? — La voz de Flavia estaba llena de total asombro e inquietud.
Simón, con el semblante bastante serio, explicó con voz grave: —La Religión de Pomido no es en lo absoluto benévola, es muy probable que veneren a algún dios retorcido. Deben despertar de ese letargo y dejar de estar cegados por la mentira.
Sin embargo, Flavia y Damiana, j