Simón se levantó después de media hora, mientras Amparo acostada en el sofá, completamente exhausta e incapaz de moverse.
En el sofá había una gran mancha de sangre, notablemente roja.
—Descansa un poco, voy a darme una ligera ducha— dijo Simón.
Amparo mordió con dulzura su labio y afirmó silenciosamente.
Aunque había sido su primera vez, y le dolía demasiado, su corazón estaba lleno de satisfacción.
Sabía que nunca más en su vida encontraría a un hombre tan fuerte y bondadoso como Simón.
Tal ve