Incluso el alcalde Tristán de Ciudad Vallecielo mostraba una expresión de absoluto asombro en su rostro.
Hay que entender que una persona del Dominio Sagrado prácticamente trasciende la gestión del mundo común, y no es alguien que un simple alcalde pueda lograr controlar.
El imponente poder de Ildefonso asustó tanto a Amparo que su rostro se volvió pálido por completo de la preocupación.
Mientras todos estaban extremadamente sorprendidos, Simón soltó una gran carcajada y dijo: —¿Dominio Sagrado?