Simón esbozó una ligera sonrisa, sus ojos brillando con sabiduría. —Miguel, como dijiste, esto es política. No es que tu padre tenga algo personal contra mí. Lo entiendo perfectamente.
Miguel guardó absoluto silencio por un momento antes de hablar, con una voz que denotaba alivio: —Pensé que te alejarías de mí por esto.
Simón lo miró de reojo, con una mueca burlona en los labios: —Acaso. ¿Te parezco tan rencoroso?
Miguel al instante soltó una graciosa carcajada, sintiéndose mucho más relajado. —