Romualdo seguía cubierto por una capa de luz gris, permaneciendo allí sin un solo rasguño y mirando fríamente a Simón.
Todos los presentes inhalaron profundamente. Un golpe tan aterrador como este no había logrado mover a Romualdo ni un poco, su defensa era simplemente algo desesperante.
—Valentín, acepta tu destino, luchar contra mí es inútil. —dijo Romualdo con una carcajada, haciendo que el ánimo de todos cayera de nuevo al suelo. Si un golpe tan terrorífico no podía derrotar a Romualdo, no