En ese momento, los dos guardaespaldas y Javier yacían en el suelo, mostrando expresiones de agudo dolor, sus cuerpos retorcidos, incapaces de levantarse, ni siquiera podían emitir un sonido.
Hugo estaba atónito, los tres apostadores involucrados en la trampa también quedaron atónitos.
Lucía estaba aún más asombrada, como si hubiera visto un fantasma.
En ese instante, Simón levantó a la frágil Lucía, le devolvió la pistola y sonrió—Te dije que todo estaría bajo control.
Lucía tomó la pistola, aú