El hombre ejecutó esa secuencia de movimientos con una fluidez muy asombrosa, sin darle a Lucía la oportunidad de reaccionar. En un instante, la dinámica entre los dos experimentó un giro completo.
Lucía se aferró al vientre, agachándose en el suelo debido al agudo dolor, mientras el hombre recogía la pistola de Lucía y declaraba fríamente—¡Maldición! ¿realmente crees que soy fácil de tratar?
En ese momento, Hugo habló con voz muy profunda—¿Qué está pasando, Javier García?
El hombre llamado Javi