¡Ah…!
¡Ayuda, por favor!
...
Simón rápidamente guardó el fragmento de la novena Vasija de Dragón que tenía en sus manos y salió corriendo. Al mirar en el pasillo, vio a Tomás arrastrándose tembloroso por el suelo, cubierto de sangre. Cuando Tomás lo vio, una ligera chispa de emoción brilló en sus ojos, pero al instante se tornó en una expresión de miedo absoluto.
En ese preciso momento, Simón giró con brusquedad, extendiendo su brazo izquierdo para bloquear. —¡Clang!— Una espada negra cortó dire