Simón se detuvo al instante al escuchar las palabras del anciano. Apretó con fuerza los dientes, tratando de controlar la rabia que hervía en su interior. Finalmente, giró sobre sus talones, regresó hacia el anciano y dijo con un tono de súplica: —Señor, por favor, dígame dónde están las ocho vasijas del dragón.
—¿Quieres saber el paradero de las vasijas del dragón? Bien, espera un momento.
Simón permaneció en absoluto silencio, observando al anciano. Apenas un minuto después, el flotador sobre