El anciano salió de la cabaña con un hacha en la mano y se la entregó a Simón, diciendo: —Ve detrás de la cabaña y corta algo de leña. La necesitaremos para cocinar el pescado.
Simón tomó el hacha y caminó obediente hacia la parte trasera de la cabaña, donde encontró una enorme cantidad ordenada de troncos amontonados.
Tomó un tronco, lo colocó sobre un tocón y levantó el hacha con fuerza. Sin embargo, al bajar el hacha y golpear el tronco, esta rebotó de manera inesperada y salió de sus manos,