—¡Qué poder tan impresionante en tu dominio! Esto no debe ser algo que puedas hacer tú solo, ¿es esta la fuerza que te concedió el anciano Delfín?
—¡Ja, ja, ja!
Varek soltó una risa ensordecedora, mirando a Simón con desprecio. Respondió con una sonrisa malvada: —Ya que lo has adivinado, no voy a seguir ocultándolo. Es cierto, Delfín es mi maestro. Sin él, ya estaría muerto. Esta fuerza que tengo es un regalo de su parte. Entrar a este espacio de la espada santa… Simón, no hay escapatoria alguna